2016

Revista Noche y Niebla 54: Segundo semestre de 2016

El Cinep/ Programa por la Paz quiere llamar —de nuevo— la atención sobre la expansión del paramilitarismo, el cual se expresa mediante la violación sistemática de los derechos humanos, particularmente a través de amenazas individuales y colectivas contra líderes sociales y políticos, y defensores de derechos humanos. Esto a pesar de que el ministro de defensa, Luis Carlos Villegas, negó enfáticamente la existencia de grupos paramilitares en Colombia al decir: “No hay paramilitarismo. Decir que lo hay significaría otorgarles reconocimiento político a unos bandidos dedicados a la delincuencia común u organizada” 1 . El Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política ha venido registrando un preocupante incremento de víctimas de amenazas por parte de grupos paramilitares. Durante 2016 se registraron 395 amenazas; 83 ejecuciones extrajudiciales; 44 personas heridas; 9 personas fueron desaparecidas y 12 más torturadas.


[PDF] Leer el informe especial EL PARAMILITARISMO SI EXISTE!


[PDF] Consultar la revista Noche y Niebla No 54 correspondiente al periodo julio - diciembre de 2016


[ISSUU] Consultar la revista Noche y Niebla No 54 correspondiente al periodo julio - diciembre de 2016


Balance de violaciones a los Derechos Humanos e infracciones al DIH enero - junio de 2016 Revista Noche y Niebla No 53

El número 53 de la revista Noche y Niebla correspondiente al periodo enero - junio de 2016 recoge una amplia y preocupante cantidad de casos que muestran y llaman la atención sobre la "la brutalidad policial y militar, particularmente la incorregible criminalidad del ESMAD o Escuadrón Móvil Anti Disturbios. Acuden, por principio a disolver las protestas sociales, la inmensa mayoría de carácter pacífico, y hacen gala de los métodos más brutales. No escapan a ello los mismos funcionarios del Estado, como se evidenció en las protestas del sector judicial en las cuales no se respetó a funcionarias ancianas que fueron arrojadas violentamente al piso y despojadas de sus zapatos, ni a mujeres embarazadas o recién sometidas a delicadas cirugías. La Minga Agraria, Indígena, Étnica y Popular o el Paro Camionero, dieron ocasión de exhibir nuevamente sus métodos brutales de agresión. Las marchas estudiantiles e incluso las marchas por la paz, así como las manifestaciones sindicales, indígenas y campesinas arrojaron saldos de muertos y heridos que multiplican el dolor de patria, sobre todo cuando se mira en detalle el desarrollo de las agresiones y se comprende compasivamente la impotencia de quienes han salido a mendigar justicia arriesgando su propia seguridad y su propia vida y terminan conducidos en camillas ensangrentadas a los hospitales y clínicas o en humildes cajas de madera hacia los cementerios. Pero la brutalidad policial no respeta siquiera el trauma de los dolientes y acude con cámaras, vehículos de vidrios polarizados y armas amenazantes a merodear las ceremonias exequiales, como ocurrió en Madrid cuando despedían a Miguel Ángel Barbosa, o en Soacha, cuando la madre de Klaus Stiven Zapata identificaba el sitio de su martirio". Leer revista completa [PDF]


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